#73.- Gijón: Ciudad, Universidad y Jardín Botánico Atlántico.

Correspondiente al periodo de 04/04/2008 – 14/04/2008

Nada más llegar ya me esperaba mi amigo Alex con una buena cena, el día anterior había sido muy largo así que dejamos para el día siguiente las visitas por la ciudad. Al día siguiente nos despertamos muy vagos, el estaba estudiando un FP de Soldadura y Calderería, así que por la mañana me quede por casa pasando fotos, pero al medio día y después de comer ya bajamos a la calle para dar un largo paseo desde el centro de Gijón, enseñándome como estaba estructurada la ciudad, me llamo la atención las largas avenidas que la cruzaban hasta casi la misma playa, donde se concentra el casco antiguo de la ciudad, que se extiende de costa a tierra adentro. Como en otros puntos de la costa Atlantico-Cántabrica, las mareas dibujan unas playas muy amplias y de profundidad casi uniforme, gozables cuando el tiempo y la marea lo permiten. Salvando la playa me recuerda mucho al paseo de Cádiz. Pasamos por la tienda de ropa rockera, donde trabaja una amiga de mi anfitrión, una chica muy maja que lucia un tono pelirrojo en el pelo, que después de cerrar nos acompaño:

      

Viendo que anochecía nos pusimos a hacer planes, así que decidimos más tarde en un local rockero, así vería el ambiente nocturno, pero antes nos marchamos a cenar por la zona de sidrerías del puerto, donde se reunía la jueventud. Mi compañero me explicaba que en esta ciudad no era difícil cruzarse con grupos de Neo-Nazis o Skinheads, que aunque no era difícil evitarlos, siempre andan creando líos entre ellos (racistas y anti-racistas), de todos modos no eran más que chavales, alguno “neonazi” que me indico de facha bastante pija, que no hizo más que recordarme a un “Hijo de” mimado, con ideología de ultraderecha nacionalista, por culpa de una educación muy pobre y no haber salido de la ciudad. El racismo y nacionalismo se curan viajando, por suerte de eso a mi no me falta :). Pero vamos al lío! la fiesta!. El local de nombre Rock Inferno es pequeño y encantador, de fondo suena la música de los videoclips que salen en las pantallas, así que puedes disfrutar tanto acústica como visualmente de los grandes grupos del rock y el metal. Nos pedimos unas cervezas y disfrutamos de la compañía, hasta que nos cansamos y nos fuimos a dormir.

      

Un nuevo día amanece, el plan es ir a visitar el Jardín Botánico Atlántico de Gijón y su universidad. Cogemos el coche y salimos a las afueras de la ciudad donde estos dos espectaculares recintos yacen uno al lado del otro. Empezamos visitando el botánico, que comprende un gran complejo dividido en un gran jardín que casi llamaría parque, de grande que es, varias zonas con exposiciones temáticas sobre la interacción del ser humano con el mundo de las plantas, y un museo con una sala de conferencias. El parque es espectacular, hay todo tipo de plantas, algunas muy curiosas: una especie de cesped negro, bonsais, tulipanes, etc. Hay una serie de senderos que lo atraviesan, que a la vez cruzan pequeños arrollos mediante bonitos puentes de madera y piedra, incluso por la travesía puedes encontrar zonas de reposo con hamacas por si quieres echarte una siestecita.

      

      

   

Luego estaba la zona de exposiciones y cultura botánica, presidido por un gran hórreo de piedra, allí paramos a comer un poco en unos bancos. Entramos en las salas de exposición, donde se hablaba de que tipo de plantas se usaban para hacer la ropa, las armas y herramientas en la antigüedad.

      

Dimos la vuelta y contemplamos la espectaculiridad del edificio principal de la Universidad, así que salimos del botánico, para explorar más de cerca aquella maravilla.

Nada más llegar vimos las puertas gigantescas, que ya avisaban de la dimensión de esta universidad, que hasta ese momento creo que me parece una de las más espectaculares que he visto, al cruzarlas aparece ante nosotros una gran plaza coronada con una torre campanario. No tardé en preguntar si era posible subir, a lo que mi compañero Alex me respondió que sí, no podía esperar a ver las vistas desde esa altura.

   

Desde lo alto podía verse el complejo en toda su magnitud, aunque Alex me explicaba más o menos cual era la función de cada anexo, edificio y taller, era difícil identificarlos por sus curiosas y a la vez bellas formas. Los talleres de con sus techos inclinados, la biblioteca, los campos de fútbol americano, béisbol y fútbol. Poco puedo contaros excepto recomendaros que clickeis en la foto para ampliarlas y verlas adecuadamente. Pero no solo la universidad, sino también todo los alrededores, toda la zona de Gijón completamente verde.

      

   

Bajamos a nivel de suelo, dimos unas vueltas más explorando, pero se estaba empezando a hacer tarde así que nos marchamos, antes de llegar al centro de la ciudad mi amigo insistía en que a mi coche le hacía falta un lavado de cara, cosa muy cierta pues el polvo ya era una fea costra encima de la chapa y en estos meses de viaje apenas fue la lluvia la que se dedico a intentar arrancar el polvo. Pasamos a cenar y posteriormente, otra vez, de marcha donde conocí a Lis García, un blogero que leía de vez en cuando y conocía anteriormente.

   

Al día siguiente nos levantamos y me llevaron a visitar la zona de costa que bordea la ciudad, formando una especie gran paseo. Las vistas del mar no son las típicas ya que el paseo discurre por un bello paseo de cara a la ciudad, para después en su punta menos edificada, unos caminos a través de campos de cesped invitan a tumbarse para relajarse al son de las olas y la brisa. Hay que destacar el impresionante monumento del “Elogio del Horizonte” o “El Eulogio”, una gran forma de cemento que apunta al mar, al lado de unas grandes construcciones antiguas que supongo eran la base de la defensa tierra-mar.

      

      

 Bueno, a partir de entonces mi estadía en Gijon se alargo por dos semanas, hay muchas anécdotas personales que son graciosas, como cuando fuimos a comprar a un centro comercial y encontramos muchos discos de Rock a 3×15€, compramos dos packs, pero en uno nos faltaba un disco, así que entre los dos elegimos uno que no conocíamos pero prometía bastante… resulto ser una terrible basura y el disco salio volando por la ventanilla del coche estampandose contra un container de basura, en un acto de sobreactuada “ira” de mi amigo que nos arranco muchas risas. Sin embargo ya os he enseñado lo más espectacular que vi en esta ciudad, en el próximo post os hablare de una de mis escapadas durante esas dos semanas, que me descubrió los picos de Europa y Covadonga, y como insistí en enseñarle eso a mi amigo antes de marcharme.

Hasta pronto!

~ por Bokko en junio 14, 2012.

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